MEDITAR en una práctica en la que se está en constante observación de la mente. En la medida en que se identifican y se conquistan algunos de sus procesos, logramos reducir paulatinamente el contenido mental que se manifiesta a través de pensamientos constantes.

Una vez logramos acallar la mente, podemos entrar en contacto más profundo con el cuerpo, con sus sensaciones, con procesos inherentes como las emociones. Con los sentimientos. Y como la cebolla, cada vez vamos accediendo a lugares más profundos hasta lograr un encuentro y acercamiento con el ser. Aquel que habita nuestro interior pero que poco conocemos o escuchamos porque la mente en su constante diálogo no nos permite acceder.

Cuando estamos en contacto con el ser, estamos presentes, somos consciencia.